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martes, 9 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Libro, Agatha Christie "Las Manzanas" (Español)
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sábado, 26 de septiembre de 2015
William Shakespeare
(Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 - id., 1616) Dramaturgo y poeta inglés. Solamente con sus versos hubiera ya pasado a la historia de la literatura; por su genio teatral, y especialmente por el impresionante retrato de la condición humana en sus grandes tragedias, Shakespeare es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos.
William Shakespeare
Tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un acaudalado comerciante y político local, y Mary Arden, cuya familia había sufrido persecuciones religiosas derivadas de su confesión católica, poco o nada se sabe de la niñez y adolescencia de William Shakespeare. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal, si bien se desconoce cuántos años y en qué circunstancias. Según un coetáneo suyo, William Shakespeare aprendió «poco latín y menos griego», y en todo caso parece también probable que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran éstas económicas o derivadas de su carrera política.
Sea como fuere, siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que sólo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena.
La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain's Men, más tarde conocida como King's Men, propietaria de dos teatros, The Globe y Blackfriars. También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios, si bien parece razonable suponer que estuvo desde el principio relacionado con el teatro, puesto que antes de consagrarse como autor se le conocía ya como actor.
Su estancia en la capital británica se fecha, aproximadamente, entre 1590 y 1613, año este último en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.
La obra de Shakespeare
La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona.
Con todo, fue su actividad como dramaturgo lo que dio fama a Shakespeare en la época. Su obra, en total catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, es un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. Tras unas primeras tentativas, en las que se transparenta la influencia de Marlowe, antes de 1600 aparecieron la mayoría de sus «comedias alegres» y algunos de sus dramas basados en la historia de Inglaterra. Destaca sobre todo la fantasía y el sentido poético de las comedias de este período, como en Sueño de una noche de verano; el prodigioso dominio del autor en la versificación le permitía distinguir a los personajes por el modo de hablar, amén de dotar a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial.
A partir de 1600, Shakespeare publica las grandes tragedias y las llamadas «comedias oscuras». Los grandes temas son tratados en las obras de este período con los acentos más ambiciosos, y sin embargo lo trágico surge siempre del detalle realista o del penetrante tratamiento psicológico del personaje, que induce al espectador a identificarse con él: así, Hamlet refleja la incapacidad de actuar ante el dilema moral entre venganza y perdón; Otelo, la crueldad gratuita de los celos; y Macbeth, la cruel tentación del poder.
En sus últimas obras, a partir de 1608, cambia de registro y entra en el género de la tragicomedia, a menudo con un final feliz en el que se entrevé la posibilidad de la reconciliación, como sucede en Pericles. Shakespeare publicó en vida tan sólo dieciséis de las obras que se le atribuyen; por ello, algunas de ellas posiblemente se hubieran perdido de no publicarse (pocos años después de la muerte del poeta) el Folio, volumen recopilatorio que serviría de base para todas las ediciones posteriores.
Freddy Prestol Castillo
Narrador, ensayista, abogado, orador. Nació en 1913 y murió en 1981. Además de ejercer su profesión de abogado, distinguiendose como uno de los juristas mas prestigiosos del pais, escribió cuentos que aun permanecen dispersos, y varias novelas.
Por su trabajo monográfico "Geografía del crimen en la República Dominicana" fue laureado, en 1940, por el Prime Congreso de Procuradores. Su primera novela, El Masacre se pasa a pie, basada en experiencias autobiográficas ocurridas durante la matanza de haitiano en 1937, tuvo resonante éxito editorial, agotándose varias ediciones en menos de un año.
Como narrador, sabia contar y dar vida a sus personajes, mediante una prosa ágil en la que confluyen la cronica y la evocación poética. Hasta el año de su fallecimiento fue Miembro del jurado de Literatura de los Premiso Siboney.
Homero
(Siglo VIII a.C.) Poeta griego al que se atribuye la autoría de la Ilíada y la Odisea, los dos grandes poemas épicos de la antigua Grecia. En palabras de Hegel, Homero es «el elemento en el que vive el mundo griego como el hombre vive en el aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas, filósofos y artistas griegos que le siguieron, es el poeta por antonomasia de la literatura clásica, a pesar de lo cual la biografía de Homero aparece rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que su propia existencia histórica ha sido puesta en tela de juicio.
Homero
Las más antiguas noticias sobre Homero sitúan su nacimiento en Quíos, aunque ya desde la Antigüedad fueron siete las ciudades que se disputaron ser su patria: Colofón, Cumas, Pilos, Ítaca, Argos, Atenas, Esmirna y la ya mencionada Quíos. Para Simónides de Amorgos y Píndaro, sólo las dos últimas podían reclamar el honor de ser su cuna.
Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta nosotros, su contenido, incluida la famosa ceguera del poeta, es legendario y novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a Herodoto, data del siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como el hijo de una huérfana seducida, de nombre Creteidas, que le dio a luz en Esmirna. Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus cualidades artísticas, iniciando una vida bohemia. Una enfermedad lo dejó ciego, y desde entonces pasó a llamarse Homero. La muerte, siempre según el seudo Herodoto, sorprendió a Homero en Íos, en el curso de un viaje a Atenas.
Los problemas que plantea Homero cristalizaron a partir del siglo XVII en la llamada «cuestión homérica», iniciada por François Hédelin, abate de Aubignac, quien sostenía que los dos grandes poemas a él atribuidos, la Ilíada y la Odisea, eran fruto del ensamblaje de obras de distinta procedencia, lo que explicaría las numerosas incongruencias que contienen. Sus tesis fueron seguidas por filólogos como Friedrich August Wolf. El debate entre los partidarios de la corriente analítica y los unitaristas, que defienden la paternidad homérica de los poemas, sigue en la actualidad abierto.
La obra de Homero
La iconografía grecorromana ha consagrado el noble rostro barbado de un anciano ciego como el de Homero. Esta es la imagen que ha atribuido la tradición al poeta que escribió la Ilíada y la Odisea, los dos poemas épicos con que se inaugura la literatura griega y la occidental y cuyo vigor lírico y narrativo permanece fresco desde hace miles de años. Su nombre y sus obras han alcanzado la gloria y alimentado mitos, narraciones y leyendas a través de los siglos, sin que hayan perdido su fuerza original.
La mayor parte de la literatura griega se nutrió del inmenso caudal de leyendas y tradiciones que desde tiempos remotos se transmitía oralmente de generación en generación. También la poesía épica se transmitía oralmente en sus orígenes: un aedo o un rapsoda la cantaba o recitaba de memoria ante un público que desconocía la escritura. Los aedos eran músicos ambulantes que cantaban poemas épicos acompañándose con instrumentos de cuerda; los rapsodas recitaban sin cantar, llevando el ritmo con los golpes de un bastón.
La perfección y la calidad de la Ilíada y la Odisea, considerados obras maestras de la literatura occidental, sólo se explica por la existencia de toda una tradición previa sobre la Guerra de Troya que aedos y rapsodas fueron elaborando y refinando durante siglos y que culmina en los grandiosos poemas homéricos. A pesar de que Homero se sirve de los procedimientos de la tradición oral, es indudable que en ambos poemas hay un propósito poético, un plan y una estructura que revela la actividad de un poeta consciente de su arte.
La naturaleza oral del estilo de la Ilíada y la Odisea es indudable. Esta certidumbre se debe a la repetición cada cierto tiempo de unas determinadas fórmulas ("la Aurora de dedos rosados", "Aquiles, el de los pies ligeros"), siempre en las mismas condiciones métricas. Después de un largo período de transmisión oral, el texto se habría fijado en su forma definitiva en Atenas durante el siglo VI a.C., por iniciativa del tirano Pisístrato.
En sus poemas, Homero no trazó una historia completa de la Guerra de Troya (que conocemos por otros fuentes), sino que escogió dos episodios de la leyenda troyana para recrearlos. Así, en la Ilíada se narra el último año de la Guerra de Troya, aunque el episodio central sea la disputa entre dos héroes griegos: Aquiles y Agamenón. La Odisea, que parece ser la más moderna de las dos composiciones atribuidas a Homero, relata las aventuras y penalidades de Ulises (héroe que desempeña un papel secundario en la Ilíada) en el viaje de regreso desde Troya hasta su patria, Ítaca, y el castigo que inflige a los pretendientes de su esposa, Penélope, que le creían muerto.
Homero fue el poeta más admirado de la Antigüedad. Sus obras transmitían conocimientos y enseñanzas relativas a variados aspectos (estratégicos y militares; los astros y el firmamento; cuestiones morales y comportamientos de los seres humanos; las relaciones de los dioses con los hombres) y dieron la forma considerada canónica de la genealogía de los héroes y dioses griegos. Por todo ello sirvió de referencia cultural y religiosa para las generaciones posteriores.
La Ilíada
La Ilíada relata el décimo año de la Guerra de Troya (o de Ilión, nombre griego de la ciudad, de donde procede el título de Ilíada). Su núcleo argumental es la célebre Cólera de Aquiles. El héroe griego Aquiles ha sido despojado de su esclava Briseida por Agamenón, jefe del ejército aliado griego que tiene sitiada la ciudad de Troya para rescatar a Helena. A causa de esta decisión injusta, Aquiles se enemista con Agamenón y resuelve no participar más en los combates.
Gracias a su ausencia y a otros sucesos, los troyanos, liderados por Héctor, consiguen importantes victorias, y aunque el mismo Agamenón se humilla y le pide que regrese a la lucha, Aquiles se niega. Será precisa la muerte de Patroclo, su mejor amigo, a manos del héroe troyano Héctor (hijo de Príamo, rey de Troya), para que Aquiles deponga su actitud. Aquiles jura vengar a Patroclo, se lanza ferozmente a la lucha y vence a Héctor. Su furia parece irrefrenable: ata a su carro por los pies el cadáver de Héctor y lo arrastra con la cabeza por el polvo alrededor de la tumba de Patroclo.
Después, frente a las súplicas del padre de Héctor, Príamo, se despierta su compasión y accede a devolverle el cadáver de su hijo. La obra termina con los funerales que se celebran en honor de Patroclo y Héctor. A este argumento humano, digamos, es preciso añadir la intervención de los antropomórficos dioses griegos, que, movidos por pasiones e intereses similares a los de los hombres, participan en la acción, favoreciendo o perjudicando a personajes de uno y otro bando.
La Ilíada consta de 15.693 versos agrupados en 24 cantos. El Canto I comienza con la cólera de Aquiles. Es posible que los Cantos II-XI sean interpolaciones de otros poetas, pues se apartan del núcleo narrativo principal. Hoy se cree que el propio Homero los intercaló deliberadamente para crear un efecto de retardación, técnica que también se emplea en la Odisea. En los cantos XII-XXIV se vuelve al tema de principal y la acción se precipita rápidamente hacia el desenlace. La narración en tercera persona se combina con los diálogos entre los personajes. Los antecedentes y consecuencias de la guerra y el origen y destino de los personajes se dan por sabidos; porque, efectivamente, el público al que se dirigía el poema conocía perfectamente la historia completa de la Guerra de Troya.
Como ya señaló Aristóteles en su Poética, uno de los grandes aciertos de Homero en la Ilíada fue precisamente no contar toda la Guerra de Troya, sino concentrar la atención del relato sobre un elemento determinado: la cólera de Aquiles. La sucesión de violentas emociones por las que pasa el ánimo del héroe (cólera, amistad, odio, sed de venganza, compasión) constituye el motor de la acción. En realidad la Ilíada, aun siendo un poema heroico, es también y sobre todo un drama. Lo que domina en él, por encima del heroísmo y la violencia, es la humanidad que trasluce. En los dos últimos cantos (funerales de Patroclo y de Héctor), prevalecen la piedad y la compasión. No hay vencedores ni vencidos: hay un duelo por los muertos.
La Odisea
Frente a la Ilíada, calificada siempre de epopeya guerrera, se considera a la Odisea (de Odiseo, nombre griego de Ulises) como una narración de aventuras marinas. Un poco más breve (12.110 versos en 24 cantos), relata el difícil regreso de Ulises desde Troya hasta su patria, Ítaca.
La Ilíada es una narración lineal; la Odisea, en cambio, presenta una compleja y original organización temporal, que sería muy imitada. Pueden apreciarse claramente tres partes. Los cantos I-IV son conocidos como La Telemaquia y relatan las investigaciones que efectúa Télemaco sobre el paradero de su padre, Ulises. Asimismo se presenta la situación de Penélope, la fiel esposa de Ulises, asediada por los pretendientes que pretenden casarse con ella para apoderarse del reino.
Desde el canto V al XII (segunda parte) se cuentan las últimas aventuras de Ulises. Se hallaba retenido en la Isla de Ogigia por la ninfa Calipso, la cual, por orden del dios Hermes, le permite marchar. Ulises construye una barca y llega al País de los Feacios, donde es recogido por Nausica, hija del rey, que lo conduce al Palacio. El rey Alcínoo lo acoge hospitalariamente y le proporciona un barco con el que Ulises logrará llegar a Ítaca.
Dentro de este apartado, en los cantos IX-XII Ulises relata a los feacios, en el transcurso de una cena, todas sus aventuras desde que partió de Troya hasta llegar a la Isla de Ogigia. Estos cantos constituyen por lo tanto una analepsis, o en terminología moderna tomada del cine, un flashback. Por ello se dice que la ordenación temporal de la obra es del tipo in media res, es decir, empieza por el medio, relata luego los antecedentes (creando así un efecto de retardación) y continúa hasta el final.
El viaje de Ulises
Estas dos primeras partes confluyen en la tercera, que relata la venganza. Ulises desembarca en Ítaca y se reúne con su hijo Telémaco. Ambos trazan un plan para eliminar a los pretendientes. Ulises, disfrazado de mendigo, vence en un concurso de tiro con arco que había convocado Penélope para escoger marido, y a continuación se da a conocer y mata a los pretendientes. Y, finalmente, tiene lugar el feliz reconocimiento de Penélope y Ulises (cantos XIII-XXIV).
En la Ilíada encontramos personajes heroicos, que se guían por su valor militar y su sentido del honor, sin que sea posible decantarse por ninguno de ellos, ni establecer culpables ni inocentes. En la Odisea, en cambio, vemos claramente un protagonista, Ulises, que se enfrenta a otros personajes caracterizados negativamente: los pretendientes.
Las cualidades de Ulises son básicamente dos: la inteligencia, que le permite sortear los peligros y salir vencedor en todas las situaciones, y la humanidad, que se percibe en su amor a su familia y la nostalgia por su patria. Pero ya no es un héroe militar, sino un hombre que lucha por su vida y su familia. Y puede usar engaños y trucos para lograr sus objetivos, lo cual lo distancia de la ética heroica y militar de la Ilíada. De Penélope destaca su ya proverbial fidelidad, y en Telémaco se advierte cómo la situación de Ítaca lo curte y lo va haciendo un hombre. Los pretendientes, en cambio, son un compendio de defectos. Orgullosos y egoístas, sólo buscan apoderarse de las riquezas del reino de Ulises.
El estilo de ambos poemas se caracteriza por el uso de fórmulas épicas y comparaciones. Las fórmulas épicas son repeticiones de expresiones, versos o grupos de versos. Héroes y dioses, por ejemplo, suelen ser siempre descritos con la misma expresión: se habla entonces de epítetos épicos. Y del mismo modo, el poeta suele emplear las mismas expresiones o incluso los mismos grupos de versos para describir el amanecer, la preparación de un banquete, la muerte de un combatiente, el lanzamiento de las flechas o las picas, etc.
Durante mucho tiempo se pensó que ello era una falta del poema, y por esta razón se consideraban superiores poemas épicos como la Eneida de Virgilio. Sin embargo, el uso de fórmulas épicas es característico de la poesía épica oral de todas las épocas y países: facilita la memorización al recitador y sirve como recurso para rellenar el verso manteniendo su métrica (las fórmulas siempre cumplen los requisitos rítmicos del hexámetro) o cubrir olvidos. Las comparaciones son también abundantes y a menudo extensas. Por otra parte, las diferencias entre la Ilíada y la Odisea en materia de lengua y estilo son notables. En la Odisea, por ejemplo, se observa una mayor sensibilidad hacia el paisaje, que se materializa en frecuentes descripciones.
La cuestión homérica
La concepción de la Odisea por Aristóteles como un trabajo de la vejez de Homero no es para nada imposible según la crítica actual; y si la Ilíada es el más temprano de ambos poemas (como parece probable por su estructura más simple y por la mayor frecuencia en la Odisea de formas lingüísticas relativamente tardías), la Odisea podría haberse creado siguiendo el mismo modelo de composición monumental que estableció la Ilíada. Como ambas epopeyas difieren no sólo en su construcción sino en varios otros detalles, no resulta inverosímil considerarlas obra una de la madurez y la otra de la vejez del poeta, como señalaron algunos eruditos en la Antigüedad.
Pero también es aceptable, sostienen otros, la propuesta de ciertos gramáticos alejandrinos, los llamados corizontes (separatistas) que atribuyen la Odisea a otro poeta, el cual, siguiendo el modelo homérico de la Ilíada, habría compuesto esta obra alrededor del año 700 a.C. La llamada "cuestión homérica" adquirió gran importancia con la escuela alemana, en los trabajos analíticos de Fiedrich August Wolf (1795), de Karl Lachmann (1837), de Gotfried Hermann y de numerosos continuadores que negaban, por diferentes razones, la existencia histórica de la figura de Homero, o bien le reconocían, a lo sumo, una modesta intervención como compilador. Bajo la óptica histórico-filológica todo aparecía anónimo y Homero sólo era un nombre. La crítica moderna rectificó esta perspectiva volviendo a considerar la muy probable existencia de un único y extraordinario poeta, sin que por ello pueda hablarse de unanimidad en las innumerables cuestiones que suscita el problema de la autoría.
El fondo histórico
No es frecuente encontrar en la historia de las civilizaciones que una de ellas se inicie, en el terreno literario, de forma tan brillante como la civilización griega. Hoy día se sabe la razón de ello: los dos poemas atribuidos a Homero, la Ilíada y la Odisea, hunden sus raíces en el mundo micénico, en esa cultura griega del II milenio a.C. Los poemas de Homero no reflejan ninguna civilización real, pero en ellos hay indudables vestigios de una sociedad y de unos acontecimientos que, aunque idealizados, encierran un núcleo de verdad histórica. Así, más que el inicio de la cultura literaria griega, Homero fue la culminación del mundo griego del II milenio a.C. Es evidente que la civilización micénica o aquea produjo, entre otras formas de expresión artística, epopeyas que, transmitidas por tradición oral, fueron el núcleo a partir del cual los poetas jónicos crearon la Ilíada y la Odisea.
La ciudad de Troya o Ilión se encontraba situada en la parte asiática del Helesponto y controlaba todo el comercio de la zona al ser ruta obligada en el paso de los Dardanelos. El enfrentamiento armado conocido como Guerra de Troya, de claro carácter comercial, pudo haber sido el último esfuerzo del mundo micénico, en franca decadencia, contra un poder extranjero. Sin embargo, en el relato homérico, la guerra fue entablada por los aqueos, dirigidos por el rey de Micenas, Agamenón, con la intención de rescatar a Helena, esposa de su hermano Menelao y la mujer más hermosa del mundo, que había sido raptada por el príncipe troyano Paris. El sitio se prolongó durante diez años; la Ilíada narra únicamente una parte del décimo año.
Tras la muerte de Aquiles, herido en el talón por Paris, la guerra concluyó gracias a la estratagema ideada por Ulises, quien construyó un caballo de madera para introducirlo en la ciudad de Troya con los más valientes de entre los griegos en su vientre. La ciudad fue saqueada, incendiada y reducida a cenizas. La Odisea es el relato del regreso de Ulises, y su mundo es distinto al de la Ilíada; el poema parece más tardío e idealiza la experiencia de la colonización griega a lo largo del Mediterráneo.
Ruinas de Troya
Durante mucho tiempo se creyó que las historias de la Guerra de Troya no eran más que mitos y leyendas creadas o transmitidas por Homero. Pero en el siglo XIX, el joven alemán Heinrich Schliemann se sintió tan fascinado por la lectura de la Ilíada y la Odisea que, convencido de que tenían una base real, se propuso descubrir la antigua Troya.
Se dedicó a los negocios y trabajó duramente para conseguir el dinero para las excavaciones, al tiempo que estudiaba arqueología y lenguas antiguas para adquirir los conocimientos necesarios. Finalmente, con cuarenta y ocho años y dueño de una fortuna, Schliemann se estableció en una aldea de Turquía cerca de la cual supuso que debían hallarse los restos de la ciudad. Inició las excavaciones en la colina de Hissarlik y poco después descubrió no una, sino seis ciudades superpuestas. Hubo que rendirse a la evidencia: un arqueólogo aficionado había descubierto Troya.
Entre los muchos tesoros que encontró, el más famoso es una máscara de oro, a la que Schliemann llamó la Máscara de Agamenón (sin ningún fundamento, obviamente). No contento con ello, viajó por la Grecia continental y descubrió nada menos que la antigua Micenas. La muerte le sobrevino antes de poder establecer cuál de los distintos niveles encontrados en Troya correspondía a la ciudad del relato homérico. Algunos de sus colaboradores propusieron que la Troya homérica coincidía con los niveles VI o VIIa. Este último ofrecía evidencias de haber sido destruido por un incendio en una fecha próxima al año 1250 a.C.
La Máscara de Agamenón
Gracias a los descubrimientos de Schliemann sabemos hoy de la existencia de la llamada civilización micénica. Ésta se desarrolló entre los siglos XVIII y XI antes de Cristo, y se extendió por toda la Grecia continental, las islas y Creta. Era una civilización avanzada, que conocía la escritura (se encontraron inscripciones con nombres de algunos dioses y héroes de la Ilíada), y lo suficientemente poderosa para medirse con los egipcios y los hititas.
Es casi seguro que, hacia el año 1200 antes de Cristo, las ansias expansionistas de la civilización micénica toparon con Troya. Troya, por su poder y su situación estratégica, controlaba las ricas rutas comerciales entre el Mediterráneo y Mar Negro. Al dominar los estrechos que unían ambos mares, los troyanos podían comerciar libremente e imponer elevados peajes a los barcos extranjeros, lo cual aseguraba su prosperidad. Los intereses comerciales provocarían, por lo tanto, numerosos enfrentamientos entre Micenas y Troya.
Con toda probabilidad, pues, la Ilíada nos habla de unas civilizaciones y de unos conflictos que verdaderamente existieron, y que, al cabo de varios siglos, eran aún conocidos por transmisión oral. Tanto la Ilíada como la Odisea reflejan en tono épico las gloriosas hazañas de un pasado poblado de héroes, pero a la vez, aunque sin aludir a un periodo histórico claramente identificable, encierran un núcleo de verdad histórica: la expansión micénica por Oriente y la colonización griega.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Ernesto Sábato
(Rojas, Argentina, 1911 - Santos Lugares, 2011) Escritor argentino. Sólo tres novelas, espaciadas en el tiempo, componen su producción estrictamente literaria: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974); a pesar de ello, Ernesto Sábato figura entre los más destacados autores del Boom de la literatura hispanoamericana de los años 60. Con ellos compartió un afán renovador manifiesto en las técnicas narrativas (la superposición de tramas y la fusión de novela y ensayo fueron patentes desde su segunda novela), mientras que en lo temático se orientó hacia una indagación de signo existencialista sobre los abismos de la naturaleza humana y la pervivencia de la barbarie en la civilización moderna.
Ernesto Sábato
Ernesto Sábato se doctoró en física en la Universidad de la Plata (1938) e inició una prometedora carrera como investigador científico en París, donde había ido becado para trabajar en el célebre Laboratorio Curie. Allí trabó amistad con los escritores y pintores del movimiento surrealista, en especial con André Breton, quien alentó la vocación literaria de Sábato y despertó su fascinación por los arcanos del inconsciente, motivo que sería recurrente en su obra. En París comenzó a escribir su primera novela, La fuente muda, de la que sólo publicaría un fragmento en la revista Sur.
En 1940, de regreso en Argentina, comenzó a dictar clases en la Universidad Nacional de La Plata, pero se vio obligado a abandonar la enseñanza tras perder su cátedra a causa de unos artículos que escribió contra Perón. Aquel mismo año publicó su ensayo Uno y el Universo (1945), en el que criticaba el reduccionismo en el que desemboca el enfoque científico y la deshumanización de la ciencia; tales ideas y una honda crisis vocacional y existencial padecida dos años antes lo orientaron definitivamente a la literatura. La obra prefiguraba buena parte de los rasgos fundamentales de su producción literaria y ensayística: brillantez expositiva, introspección, psicologismo y cierta grandilocuencia retórica.
Su carrera literaria estuvo influida desde el principio por el experimentalismo y por el alto contenido intelectual de sus obras, marcadas por una problemática de raíz existencialista. Así, El túnel (1948) ahonda en las contradicciones e imposibilidades del amor, mientras que Sobre héroes y tumbas (1961) presenta una estructura más compleja; los diversos niveles de la narración enlazan vivencias personales del autor y episodios de la historia argentina en una reflexión caracterizada por un creciente pesimismo. Ambas novelas tuvieron gran repercusión y otorgaron a Sábato un puesto prominente entre los grandes autores argentinos y latinoamericanos del siglo.
Extraordinaria muestra de sus aptitudes para el relato de corte psicológico, El túnel (1948) fue rápidamente traducida a diversos idiomas y llevada al cine. La narración tiene indudable originalidad y valores psicológicos relevantes: la confesión de Castel, que ha cometido un crimen pasional, enfrenta al hombre de hoy con una sociedad desquiciada y resalta los contrastes con pincel agudo y lleno de color. El estilo está en consonancia con el tema, dentro de un desequilibrado equilibrio.
La pintura fue otra de las pasiones de Sábato
Sobre héroes y tumbas (aunque publicada en 1961, la edición definitiva es de 1966) es su obra más ambiciosa. La compleja construcción de esta novela y los diversos registros del habla rioplatense que el autor plasma en ella se alejan tanto del tecnicismo formal como de la dispersión. La pericia narrativa de Sábato consiste, justamente, en hacer pasar desapercibidas para el lector las evidentes dificultades compositivas que supone la historia de la joven Alejandra y, a través de ella, la del país.
La novela es contada a través de tramas paralelas y circulares; se presenta por un lado a los últimos miembros de una declinante familia de la oligarquía bonaerense; por otro, el funesto desenlace de la trayectoria vital del general Juan Lavalle: tras caer en combate durante una sublevación contra Rosas (1841), sus seguidores llevaron su cadáver al exilio. Pero la línea central de la obra es la atormentada pasión entre dos jóvenes contrapuestos, Martín y Alejandra. Sobre el padre de Alejandra, Fernando Vidal, pende la culpa de un incesto, y su familia está genéticamente predispuesta a la locura: el abismo personal e histórico comulgan en un mismo plano.
Fernando reconoce que su largo aprendizaje en la perversidad no tenía otro fin que situarle en posición de dar cumplimiento a esa necesaria búsqueda de lo subterráneo que cristaliza en su alucinante "Informe sobre ciegos", texto que constituye la tercera parte de la novela y que puede ser leído, como de hecho lo fue, con entera autonomía. Una vez adquirido este terrible saber vuelve a la vida para ser asesinado por su hija y amante, la cual, a su vez, busca su propia catarsis en el fuego, abrasándose entre los familiares recuerdos de la historia de su patria, en la casa natal.
Además de obtener un éxito de público impresionante, Sobre héroes y tumbas situó a Ernesto Sábato en la primera línea del llamado Boom de la literatura hispanoamericana, fenómeno editorial que, en la década de 1960, supuso el descubrimiento internacional de los narradores del continente: sus compatriotas Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes, el colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa son algunos de los grandes autores que, junto a Ernesto Sábato, arrancaron de la superación del realismo que había caracterizado la novela europea y norteamericana de entreguerras para construir, por diversos caminos, una narrativa de altísimo nivel, unánimemente aplaudida por los lectores y la crítica.
Su tercera novela, Abaddón el exterminador (1974), se centra en torno a consideraciones sobre la sociedad contemporánea y sobre el pueblo argentino, su condición «babilónica» y su presente, que adquieren en la novela una dimensión surreal, en que se funden realidad y ficción en una visión apocalíptica. La novela comienza con la breve reseña de "algunos acontecimientos producidos en la ciudad de Buenos Aires en los comienzos del año 1973", acontecimientos que, en buena medida, tienen que ver con la instauración de la dictadura militar que sumió en el terror a Argentina a lo largo de una década; uno de los referidos sucesos no es otro que la muerte de un estudiante, en el sótano de una comisaría, a manos de sus torturadores.
El resto de la narración pretende ayudar a comprender estos acontecimientos, si bien el método utilizado por Sábato dista de basarse en el científico; los argumentos utilizados por el novelista son "confesiones, diálogos y algunos sueños". Además, y ésta es una nueva singularidad de la novela, el propio autor es uno de los personajes, que vive y habla con sus criaturas, procedentes algunas de ellas de Sobre héroes y tumbas. El camino seguido para explicar la barbarie no pasa, al menos de forma preferente, por la sociología o la historia; es más bien un viaje al fondo de la propia noche, una búsqueda de la barbarie inconsciente, que no siempre presenta, cuando se manifiesta, un rostro sanguinario, sino también la mueca jocosa de lo grotesco o de lo insustancial.
El reconocimiento internacional acabó por convertir a Ernesto Sábato en una autoridad dentro de la sociedad argentina, una suerte de formador de opinión que, por paradójico que parezca, al asumir ese papel se fue alejando progresivamente de la actividad literaria. Desde mediados de la década de 1970, más que un escritor consagrado, Sábato representó una conciencia moral que actuaba como un llamado de alerta frente a una época que él no dudó en calificar de "sombría".
Esa identificación entre Sábato y la autoridad ética quedó muy reforzada por su labor como presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), para la que fue designado en 1983 por el entonces presidente de la República, Raúl Alfonsín. Los meses que dedicó a investigar la represión durante el anterior gobierno militar no le dejaron aliento ni espacio para la literatura; finalizados los trabajos de la comisión, resumió aquella dura experiencia con las siguientes palabras: "He estado en el infierno". La conclusiones de la comisión quedaron recogidas en las cincuenta mil páginas del llamado Informe Sábato. En 1984 fue galardonado con el Premio Cervantes.
La obra de Sábato, que ha sido prestigiada con numerosos premios internacionales y difundida en múltiples traducciones, incluye además multitud de ensayos, como Hombres y engranajes (1951), El escritor y sus fantasmas (1963), El otro rostro del peronismo (1956), Tango: discusión y clave (1963), La cultura en la encrucijada nacional (1973), Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo (1974), Apologías y rechazos (1979), Antes del fin (1998), La resistencia (2000) y España en los diarios de mi vejez (2004). El narrador y ensayista argentino se dedicó además a la pintura, otra de sus pasiones; en sus últimos años se vio aquejado de un grave problema de visión.
Steve Jobs
(Los Altos, California, 1955 - Los Ángeles, 2011) Informático y empresario estadounidense. Padre del primer ordenador personal (el Apple I) y fundador de Apple Computer, probablemente la empresa más innovadora del sector, este mago de la informática fue uno de los más influyentes de la vertiginosa escalada tecnológica en que aún vive el mundo actual, contribuyendo decisivamente a la popularización de la informática. Sus ideas visionarias en el campo de los ordenadores personales, la música digital o la telefonía móvil revolucionaron los mercados y los hábitos de millones de personas durante más de cuatro décadas.
Steve Jobs
Al terminar el bachiller en el instituto Homestead de Mountain View, Steve Jobs ingresó en la Reed College en Portland, Oregón, pero abandonó los estudios universitarios un semestre más tarde. En esa época coqueteó con las drogas y se interesó por la filosofía y la contracultura, llegando a viajar a la India en busca de iluminación espiritual.
Tras unas prácticas en la empresa Hewlett-Packard en Palo Alto, en 1974 Jobs fue contratado por Atari Inc. como diseñador de videojuegos. Por entonces se unió al que sería su primer socio, el ingeniero Stephen Wozniak, en cuyo garaje crearon el Apple I, considerado el primer ordenador personal de la historia. En 1976, con el dinero obtenido en la venta de su furgoneta Volkswagen, fundaron la empresa Apple Computer, con sede en el garaje de la familia Jobs. Steve Jobs eligió el nombre Apple como un recuerdo de los tiempos en que trabajaba en la recolección de su fruta favorita, la manzana.
El Apple II, una mejora del modelo anterior, fue introducido en 1977, convirtiéndose en el primer ordenador de consumo masivo. Los pedidos llovieron y Apple pasó a ser la empresa de mayor crecimiento en Estados Unidos. Tres años después, Apple salió a la Bolsa con un precio de 22 dólares por acción, lo que convirtió a Jobs y Wozniak en millonarios. Por entonces, Jobs adquirió la fama de hombre genial, dotado de una creatividad que le permitía construir un ordenador y a la vez comercializarlo.
Steve Jobs y Wozniak hacia 1977
Tras el Apple II, Jobs y Wozniak se enfrascaron en la creación del Macintosh, el primer ordenador asequible y fácil de manejar sin necesidad de saber informática, por lo que a Jobs se le considera el verdadero creador del concepto de PC (Personal Computer, ordenador personal). El lanzamiento del Macintosh en 1984 supuso un vuelco en la industria informática. Su gran innovación fue la introducción del ratón para desarrollar funciones haciendo clic sobre las ventanas que se abren en la pantalla, lo que facilita la interacción entre el usuario y el ordenador. En este sentido, Jobs realizó una gran contribución a la introducción de los ordenadores personales en la enseñanza.
En 1981, el más fuerte competidor de Apple, IBM, había sacado al mercado su primer ordenador personal. Con el ánimo de mantener la competitividad de su empresa, Jobs decidió reclutar para la presidencia de Apple al entonces presidente de PepsiCo., John Sculley, sin saber que éste le acabaría echándole de su propia empresa. Sculley, un ejecutivo de la vieja guardia, chocaba con la rebeldía y las maneras heterodoxas de Jobs. Al mismo tiempo empezaron los problemas entre Jobs y Wozniak, relegado a un segundo plano tras un accidente, pero que, según otras versiones, se debieron al difícil carácter de Jobs, tildado en medios informáticos de "tirano carismático". El resultado de ambos conflictos personales fue que Wozniak se marchó de Apple en 1985, año en que fueron despedidos 1.200 empleados a raíz de una amplia reestructuración en la empresa, y Jobs dimitió para fundar la empresa NextStep Inc.
Jobs ante sus ordenadores Macintosh (1984)
A continuación Jobs compró a George Lucas por 50 millones de dólares la división de animación de su imperio Lucas Film. Así nacieron en 1986 los Estudios de Animación Pixar, que recibieron un premio de la Academia de Cine por la película de animación por ordenador Tin Toy en 1989.
El mismo año NextStep lanzó su primer ordenador, repleto de funciones extraordinarias pero que no resultó rentable por su elevado precio y su incompatibilidad con la mayoría de los sistemas en el mercado. Finalmente, el visionario Jobs cerró la división de ordenadores en 1993, con el mérito de haber creado el aparato con el que el programador británico Tim Berners-Lee ideó la World Wibe Web, que sería la base del desarrollo y popularización de Internet.
En 1995 Pixar lanzó Toy Story, una producción conjunta con Disney que ya forma parte de la historia del cine por ser el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador. La película fue un éxito de taquilla y obtuvo un Oscar de la Academia de Hollywood. Bichos fue el siguiente gran éxito de Pixar. Entretanto, Apple decaía tras el lanzamiento de los ordenadores compatibles IBM equipados con el sistema operativo Windows, de Microsoft, que según varios expertos se inspiró en el Macintosh de Apple. La enemistad entre Steve Jobs y Bill Gates, dos personalidades contrapuestas, fue el tema de una película televisiva titulada Piratas del Silicon Valley, producida en 1998 por la cadena TNT.
En diciembre de 1996, sumergida en una gran crisis, Apple decidió comprar Next, lo que supuso la vuelta de Jobs a la empresa con un cargo de asesor interino, por el que Jobs, voluntariamente, no recibía ningún salario. La dimisión del presidente de Apple encumbró nuevamente a Jobs al frente de la compañía. En agosto de 1997, un mes antes de su nombramiento como presidente provisional de Apple, Jobs anunció un acuerdo con su hasta entonces rival Microsoft, que decidió invertir 150 millones de dólares en Apple. Las dos compañías acabaron comprendiendo que se necesitaban y se complementaban, pues Microsoft es el principal fabricante de programas para Macintosh, y Apple uno de los principales testigos del juicio antimonopolio contra la empresa de Bill Gates en EEUU.
Durante esta segunda etapa en Apple, en la que se mantendría como director ejecutivo hasta 2009, Steve Jobs continuó en su línea rompedora, impulsando productos decididamente innovadores. En 1998 volvió a dar la vuelta al mercado informático con el lanzamiento del iMac, un PC compacto integrado en el monitor, que además de su diseño vanguardista estaba preparado para navegar en Internet. Su éxito de ventas colocó a Apple nuevamente entre los cinco mayores fabricantes de ordenadores personales de EEUU, con una revalorización de sus acciones en un 50%. Nuevas versiones del iMac, con mayor potencia y cada vez más sofisticadas prestaciones y diseño, seguirían apareciendo en los años siguientes, con gran aceptación entre su legión de usuarios incondicionales.
En 2001 desembarcó en el mercado musical con un reproductor de audio de bolsillo, el iPod, y dos años después creó la tienda musical iTunes, que lideró de inmediato la venta de música en línea y sigue manteniendo su posición dominante. Problemas de salud, sin embargo, lo obligaron a apartarse temporalmente de su trabajo en 2004, en que fue tratado de un cáncer de páncreas. En 2007 presentó el iPhone, primero de la familia de teléfonos inteligentes de alta gama producida por Apple, con pantalla táctil y conexión a Internet. En 2009, año en que hubo de someterse a un trasplante de hígado, delegó la mayor parte de sus funciones en Timothy Cook. Con su creatividad intacta, todavía en 2010 Steve Jobs sorprendió al mundo con un innovador producto, el iPad, un híbrido de tablet PC y teléfono móvil cuya segunda versión, el iPad 2, presentaría en marzo de 2011, en una de sus últimas apariciones en público.
Bill Gates
(William Henry Gates III; Seattle, Washington, 1955) Informático y empresario estadounidense, fundador de Microsoft. La fortuna de este precoz programador, que no llegó a terminar sus estudios y que a los 31 años era ya multimillonario, procede del éxito arrollador de su sistema operativo, el MS-DOS (1981), que evolucionaría hasta convertirse en el popular Windows 3.1 (1992) y daría lugar a las sucesivas versiones de este sistema operativo, omnipresente hasta nuestros días en la inmensa mayoría de los ordenadores portátiles y de sobremesa.
Es difícil juzgar hasta qué punto fue suerte o genial intuición advertir que, en la eclosión de la informática de consumo, había un mercado tan valioso en la fabricación de ordenadores (hardware) como en la creación del sistema operativo y de los programas que habían de emplearse en ellos (software). Lo cierto es que, mientras los fabricantes competían duramente por el hardware, una serie de circunstancias llevaron a que su sistema operativo se extendiese hasta quedar sin apenas competencia. De hecho, a menudo se ha acusado a Microsoft de prácticas monopolísticas, y a su fundador de falta de verdadera creatividad. Pero, aun admitiéndolo, deberá reconocerse que su contribución efectiva a la popularización de la informática (y a la vertiginosa escalada tecnológica que ha conllevado) fue inmensa.
Biografía
Bill Gates nació en una familia acomodada que le proporcionó una educación en centros de élite como la Escuela de Lakeside (1967-73) y la Universidad de Harvard (1973-77). Siempre en colaboración con su amigo Paul Allen, se introdujo en el mundo de la informática formando un pequeño equipo dedicado a la realización de programas que vendían a empresas o administraciones públicas. En 1975 se trasladaron a Alburquerque (Nuevo México) para trabajar suministrando a la compañía MITS una serie de programas susceptibles de ser utilizados con el primer microordenador, el Altair, para el cual habían desarrollado una versión del lenguaje de programación BASIC.
Ese mismo año fundaron en Alburquerque su propia empresa de producción de software informático, Microsoft Corporation, con Bill Gates como presidente y director general. Su negocio consistía en elaborar programas adaptados a las necesidades de los nuevos microordenadores y ofrecérselos a las empresas fabricantes más baratos que si los hubieran desarrollado ellas mismas. Cuando, en 1979, Microsoft comenzó a crecer (contaba entonces con dieciséis empleados), Bill Gates decidió trasladar su sede a Seattle.
El negocio del software
A principios de la década de 1970, la invención del microprocesador permitió abaratar y reducir el tamaño de las gigantescas computadoras existentes hasta entonces. Era un paso decisivo hacia un sueño largamente acariciado por muchas empresas punteras en el sector tecnológico: construir ordenadores de tamaño y precio razonable que permitiesen llevar la informática a todas las empresas y hogares. El primero en llegar podría iniciar un negocio sumamente lucrativo y de enorme potencial. Era impensable que una empresa como Microsoft, dedicada solamente al software (sistemas operativos y programas) pudiese jugar algún papel en esta carrera entre fabricantes de hardware, es decir, de máquinas.
Paul Allen y Bill Gates
Y así fue al principio: una competición entre fabricantes de ordenadores no demasiado honesta, pues hubo más de un plagio. A mediados de los años setenta, en un garaje atestado de latas de aceite y enseres domésticos, Steve Jobs y Stephen Wozniak diseñaron y construyeron una placa de circuitos de computadora, toda una muestra de innovación y de imaginación. Al principio tenían la intención de vender sólo la placa, pero pronto se convencieron de la conveniencia de montar una empresa, Apple, y vender ordenadores. En 1977 empezaron a comercializar la segunda versión de su computadora personal, el Apple II, que se vendía con un sistema operativo también creado por Apple: un hito histórico que marca el nacimiento de la informática personal.
Bastante ingenuamente, Apple cometió el error de dar a conocer a otras empresas las especificaciones exactas del Apple II. Para desarrollar su primer ordenador personal, la empresa IBM copió y adaptó la arquitectura abierta del ordenador de Apple y escogió el microprocesador Intel 8088, que manejaba ya caracteres de 16 bits. De este modo, en 1981, IBM pudo lanzar su primer PC (Personal Computer, ordenador personal). Pero el sistema operativo de su PC, imprescindible para su funcionamiento, no había sido creado por IBM, sino por Microsoft. Un año antes, en 1980, Bill Gates había llegado a un acuerdo con IBM para suministrarle un sistema operativo adaptado a sus ordenadores personales, el MS-DOS, que desde 1981 iría instalado en todos los ordenadores de la marca.
IBM obtuvo un gran éxito comercial con su PC. Con un precio que, con el paso de los años, sería cada vez más asequible, cualquier consumidor podía comprar una computadora de tamaño reducido, cuyas aplicaciones no hacían sino aumentar, y que abarcaban tanto el ocio como múltiples actividades laborales. Pero IBM también cometió errores en el uso de la patente. Muchas empresas, conscientes del gran boom que se avecinaba, se lanzaron a la fabricación y comercialización de PC compatibles, llamados en la jerga informática clónicos, más económicos que los de IBM.
El mercado se inundó de ordenadores personales compatibles con el de IBM que funcionaban con el sistema operativo de Microsoft, que podía venir instalado o adquirirse por separado, porque, aunque IBM lo había encargado, el MS-DOS no era de sus propiedad: había cedido los derechos de venta a Microsoft. Por otro lado, aparte de las empresas y administraciones, no siempre los usuarios adquirían la licencia del MS-DOS. Era sencillísimo conseguir una copia e instalarlo sin pagar, hecho que favoreció aún más su difusión.
Del MS-DOS a Windows
Aún existían otra opciones, pero se quedaron en minoritarias: gracias a su bajo coste, la combinación PC más MS-DOS acabó copando el mercado y convirtiéndose en el estándar. Mientras los fabricantes de ordenadores intentaban reducir costes, entregados a una guerra de precios de la que nadie pudo sacar una posición dominante, una empresa de software, la de Bill Gates, se hizo con prácticamente todo el mercado de sistemas operativos y buena parte del de programas.
A partir de ese momento, la expansión de Microsoft fue espectacular. Y no sólo porque los PC necesitaban un sistema operativo para funcionar, sino también porque los programas y aplicaciones concretas (un procesador de textos, un hoja de cálculo, un juego) se desarrollan sobre la base de un sistema operativo en concreto, y ese sistema era el MS-DOS. Las distintas empresas de software (y entre ellas la misma Microsoft) podían desarrollar, por ejemplo, distintos procesadores de textos, compitiendo entre ellas para agradar al usuario. Pero como la inmensa mayoría de usuarios tenía MS-DOS, desarrollaban programas para funcionar con MS-DOS, y acababan por hacer un favor a Microsoft, que podía presumir de que sobre su sistema operativo podían funcionar todos los programas imaginables: los suyos y casi todos los de la competencia. Esa retroalimentación viciosa era el fabuloso activo de Microsoft, y Bill Gates supo conservarlo.
Bill Gates
El MS-DOS, sin embargo, era un entorno poco amigable, cuyo manejo requería el conocimiento de comandos que se introducían a través del teclado. Con el lanzamiento en 1984 del ordenador personal Macintosh, Apple pareció tomar de nuevo la delantera. Su sistema de ventanas supuso un salto cualitativo; su interfaz simulaba la distribución de una mesa de trabajo por medio de iconos. Un pequeño aparato, el ratón, cuyo movimiento se reflejaba en la pantalla con un icono parpadeante, permitía recorrerla en busca del documento o programa buscado. En lugar de tener que recordar los comandos de cada una de las operaciones y teclearlos en cada momento, bastaba acudir a los listados de acciones posibles y hacer clic con el ratón sobre la opción elegida.
Por el momento, aquellas innovaciones no parecían hacer sombra a Bill Gates. En 1983 Paul Allen dejó Microsoft, aquejado de una grave enfermedad. Y cuando, en 1986, Microsoft salió a la Bolsa, las acciones se cotizaron tan alto que Bill Gates se convirtió en el multimillonario más joven de la historia. Volcado en un proceso de innovación tecnológica acelerada, y en su caso imitando más el Macintosh de Apple que innovando, Gates lanzó una interfaz gráfica para MS-DOS llamada Windows: Windows 3.0 en 1990 y Windows 3.1 en 1992.
No era, en realidad, un nuevo sistema operativo, sino, como se ha dicho, una interfaz gráfica con ratón, iconos y ventanas bajo la que seguía corriendo el viejo MS-DOS, pero fue muy bien recibido por los usuarios, que disponían finalmente de un sistema tan intuitivo como el de Macintosh pero mucho más económico al funcionar sobre un PC, gracias a lo cual se impuso fácilmente en el mercado. El enorme éxito llevó a la verdadera renovación que fue Windows 95 (en cuya campaña de promoción a escala mundial asumió el propio Gates el papel de profeta de la sociedad cibernética como personificación de Microsoft), al que seguirían Windows 98 y las sucesivas versiones de este sistema operativo, de entre las que sobresale Windows XP (2001), el primero cien por cien de nuevo cuño, que dejaba completamente de lado el antiguo MS-DOS.
Bill Gates en la presentación de Windows XP
Entretanto, el negocio no había cesado de crecer (de los 1.200 empleados que tenía en 1986 hasta más de 20.000 en 1996), y, con la generalización de Windows, Bill Gates pasó a ejercer un virtual monopolio del mercado del software mundial, reforzado por su victoria en el pleito de 1993 contra Apple, que había demandado a Microsoft por considerar que Windows era un plagio de la interfaz gráfica de su Macintosh. Desde 1993 embarcó a la compañía en la promoción de los soportes multimedia, especialmente en el ámbito educativo.
Además de Windows, muchos de los programas y aplicaciones concretas más básicas e importantes producidas por la empresa (el paquete ofimático Microsoft Office, por ejemplo) eran siempre las más vendidas. Surgieron muchas voces críticas que censuraban su posición monopolística, y en numerosas ocasiones Microsoft fue llevada por ello a los tribunales por empresas competidoras y gobiernos, pero nada logró detener su continua ascensión.
Empresario y filántropo
El talento de Gates se ha reflejado en múltiples programas informáticos, cuyo uso se ha difundido por todo el mundo como lenguajes básicos de los ordenadores personales; pero también en el éxito de una empresa flexible y competitiva, gestionada con criterios heterodoxos y con una atención especial a la selección y motivación del personal. Las innovaciones de Gates contribuyeron a la rápida difusión del uso de la informática personal, produciendo una innovación técnica trascendental en las formas de producir, transmitir y consumir la información. El presidente Bush reconoció la importancia de la obra de Gates otorgándole la Medalla Nacional de Tecnología en 1992.
Gates con su esposa Melinda
Su rápido enriquecimiento ha ido acompañado de un discurso visionario y optimista sobre un futuro transformado por la penetración de los ordenadores en todas las facetas de la vida cotidiana, respondiendo al sueño de introducir un ordenador personal en cada casa y en cada puesto de trabajo; este discurso, que alienta una actitud positiva ante los grandes cambios sociales de nuestra época, goza de gran audiencia entre los jóvenes de todo el mundo por proceder del hombre que simboliza el éxito material basado en el empleo de la inteligencia (su libro Camino al futuro fue uno de los más vendidos en 1995).
Los detractores de Bill Gates, que también son numerosos, le reprochan, no sin razón, su falta de creatividad (ciertamente su talento y sus innovaciones no son comparables a las de un Steve Jobs, y más bien siguió los caminos que abría el fundador de Apple), y critican asimismo su política empresarial, afirmando que se basó siempre en el monopolio y en la absorción de la competencia o del talento a golpe de talonario. A los críticos les gusta subrayar un hecho totalmente real, pese a que parezca una leyenda urbana: ni siquiera el MS-DOS es obra suya. Bill Gates lo compró por 50.000 dólares a un programador de Seattle llamado Tim Paterson, le cambió el nombre y lo entregó a IBM.
En la actualidad, Microsoft sigue siendo una de las empresas más valiosas del mundo, pese a haber perdido diversas batallas, especialmente la de Internet y la de los sistemas operativos para teléfonos móviles, que lidera ahora Google (Sergei Brin y Larry Page), otro gigante tan valioso como Microsoft. Frente al dinamismo de la era de Internet, en la que surgen y se convierten rápidamente en multimillonarias nuevas ideas como la red social Facebook, de Mark Zuckerberg, la empresa de Gates parece haber quedado algo anquilosada, aunque no se pone en duda la solidez de su posición.
Tampoco ello es exclusiva responsabilidad de Bill Gates, que ya en el año 2000 cedió la presidencia ejecutiva de Microsoft a Steve Ballmer y pasó a ser arquitecto jefe de software para centrarse en los aspectos tecnológicos. Bill Gates había contraído matrimonio en 1994 con Melinda French, con la que tendría tres hijos. En el año 2000 creó, junto con su esposa, la Fundación Bill y Melinda Gates, institución benéfica dedicada a temas sanitarios y educativos cuya espléndida dotación económica procede mayormente de su fortuna personal. No en vano el fundador de Microsoft es un habitual de las listas anuales de la revista Forbes: en 2014 la había encabezado ya en quince ocasiones como el hombre más rico del planeta.
En 2008, Bill Gates abandonó definitivamente Microsoft para dedicarse íntegramente a sus labores en la fundación, que había recibido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2006. Si antes fue una figura discutida, esta nueva etapa como filántropo despierta más bien unánime admiración: al igual que lo fue su empresa, su fundación es la más grande del mundo por lo que respecta a la cuantía de sus aportaciones económicas a toda clase de programas de ayuda, investigación y desarrollo.
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